
Total y brutalmente humanos
Total y brutalmente humanos: cuando la forma tiene más impacto que la intención. Ver la intención, cuidar la forma y sostener la relación.
Te esfuerzas por explicarte, eliges las palabras con cuidado, pero aun así, el mensaje no llega como esperabas.
Pasa en casa, en el trabajo, con los amigos, con la pareja. Y lo curioso es que, aunque nos pasa a todos, seguimos creyendo que “sabemos comunicarnos”.
En Teoría Blumenstein partimos de una idea simple, pero profundamente transformadora: los humanos no estamos diseñados para comunicarnos… al menos, no como nos lo enseñaron.
Y más que ser un problema, es una enorme posibilidad. De hecho, ahí está lo más fascinante: aunque no nacimos “programados” para entendernos, sí lo hicimos para aprender a construir sentido, acciones y resultados juntos.
Eso es exactamente lo que busca nuestra propuesta: comprender cómo se da ese proceso y cómo podemos hacerlo más consciente, más autónomo y más colectivo.
A lo largo del tiempo nos han explicado que comunicarse es cuestión de un emisor, un mensaje y un receptor.
Pero si fuera así de simple, la mayoría de nuestras conversaciones no acabarían en malentendidos.
Lo que propone la Teoría Blumenstein es mirar la comunicación como algo mucho más vivo, más humano.
En lugar de una fórmula, es un proceso que facilita que dos personas construyan juntas un objetivo común.
No se trata solo de hablar o escuchar, sino de juntos construir una realidad compartida a través de lo que decidimos decir, hacer o interpretar.
Comunicarte no es un acto automático.
Cada vez que lo intentas, tomas decisiones. Conscientes o no.
Tres, para ser exactos.
La primera tiene que ver con qué eliges compartir.
Tu mente —o como nosotros la llamamos, tu Sistema de Construcción de Realidad (SCR)— es una especie de bóveda personal.
Ahí están todas tus experiencias, ideas, recuerdos, emociones y aprendizajes. Solo tú puedes acceder a ella.
Y cada vez que hablas o actúas, abres esa bóveda para elegir qué parte de ti vas a mostrar.
Esa es la decisión número uno.
La segunda es cómo decides expresarlo.
Ahí entra en juego tu cuerpo, tu tono, tus gestos, tus palabras… todo lo que usamos para llevar lo que está dentro hacia el afuera.
A este proceso lo llamamos Sistema de Comportamiento (SC).
Es el puente que traduce lo interno en acción.
Esa es la decisión número dos.
Y hasta aquí todo parece bajo control.
Pero llega la tercera decisión: la del otro.
Por más que elijas bien qué decir (decisión 1) y cómo decirlo (decisión 2), no puedes controlar cómo será recibido.
La interpretación que hace la otra persona —la decisión 3— depende completamente de su propio Sistema de Construcción de Realidad, de su historia, su estado emocional y su momento.
Esa es la parte impredecible, y también la más humana.
El saludo amistoso puede parecer grosero si el otro tuvo un mal día. El silencio puede doler si la otra persona esperaba palabras.
Y lo más importante: ninguno de los dos tiene la culpa.
Comunicar no es una línea recta. Es un proceso vivo, circular, que se construye en relación con el otro.
Cada interacción nos da la oportunidad de elegir diferente, de ajustar, de intentar otra vez.
Y en esa práctica —en ese ensayo y error compartido— es donde vamos fortaleciendo nuestra autonomía: la capacidad de cuidarnos, de establecer límites y de reproducir aquello que nos hace bien —en lo individual y a través de lo colectivo.
Si la comunicación falla, no es cuestión de culpables. Es una invitación.
Una oportunidad para decir: “Caramba, no era eso lo que quería lograr.
Ahora, con tu reacción, me doy cuenta de que si cambio algo de lo que dije o hice, quizá eso te invite a cambiar tu respuesta.
Probemos de nuevo y veamos qué sucede.”
Y eso, justamente, es Teoría Blumenstein en acción.
Un modelo que no busca imponer ni corregir, sino abrir espacios para construir juntos sentido, acción y resultados.
Toda la vida nos han dicho que comunicarse bien es hacer que el otro nos entienda.
Nos enseñaron técnicas, frases y tips para tener una “comunicación asertiva”.
Pero, ¿y si en lugar de buscar que el otro entienda lo que yo quiero, aprendemos a crear algo nuevo entre los dos?
Ese es el corazón de esta propuesta.
No se trata de dominar el arte de explicar, sino de participar en el arte de construir.
Porque cuando entendemos que la comunicación no es algo que “nos pasa”, sino algo que hacemos juntos, dejamos de exigir certezas y empezamos a abrir posibilidades.
Y en ese proceso —colectivo, imperfecto, humano— vamos fortaleciendo lo más valioso que tenemos: nuestra autonomía.
Esa que nace de nuestra biología y se fortalece en el diálogo, en el encuentro, en lo social.
Descubre nuestros programas y herramientas para fortalecer tu comunicación, autonomía y liderazgo colectivo.
O si prefieres, mándanos un mensaje por tu red social favorita y conversemos sobre cómo podríamos construir algo juntos.

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Descubre cómo la Teoría Blumenstein propone una forma distinta de entendernos: una invitación a construir juntos sentido, acción y resultados, fortaleciendo nuestra autonomía a través de lo social.