
No estamos preparando personas para el futuro
Quizás el problema no es qué necesitamos aprender, sino desde dónde estamos intentando prepararnos.
Una mirada sobre lo que empieza a cambiar en cómo nos preparamos para el futuro.
En muchas conversaciones cotidianas solemos explicar lo que vivimos desde dos lugares.
“Me hiciste esto.”
“Esto me pasó.”
Ambas formas intentan dar sentido a lo que ocurre.
Y ambas dejan algo fuera.
Cuando decimos “me hiciste”, ponemos el foco en el otro.
Como si lo que ocurrió tuviera que ver, principalmente, con una intención dirigida hacia nosotros.
Sin embargo, si miramos con más cuidado, las personas no actuamos pensando en el otro como centro de nuestra acción.
Actuamos desde nosotros.
Desde lo que vemos, lo que necesitamos, lo que consideramos importante, lo que creemos que cuida nuestra vida.
Lo que alguien hace puede tener un impacto en otro.
Y, aun así, su acción no nace en el otro.
A veces cambiamos la forma de explicarlo.
En lugar de decir “me hiciste”, decimos “esto me pasó”.
Y con eso intentamos recuperar cierta agencia.
Es cierto que muchas cosas suceden sin que estén en nuestra gestión.
Y también es cierto que no todo tiene que ver con nosotros.
Hay un punto en el que lo que ocurre afuera entra en nuestra experiencia.
Y ahí hacemos algo.
Lo interpretamos.
Le damos significado.
Lo hacemos nuestro.
Cuando alguien actúa, lo hace desde sí.
Cuando algo ocurre, nosotros decidimos cómo lo incorporamos.
Y en ese cruce aparece algo que no está en ninguno de los dos por separado.
La relación.
Desde Teoría Blumenstein, lo relevante no es solo lo que tú hiciste
ni solo lo que yo hice con eso.
Lo relevante es qué hacemos juntos con lo que ocurrió.
Si alguien actúa y no se hace responsable del impacto de su acción, la relación se resiente.
Si alguien vive algo, lo hace suyo y no se hace responsable de cómo lo sostiene, la relación también se resiente.
La relación no se cuida sola.
Se construye.
Y esa construcción requiere que ambas personas participen.
Ni me hiciste.
Ni simplemente me pasó.
Algo ocurrió.
Alguien actuó.
Alguien lo hizo suyo.
Y a partir de ahí, siempre aparece una posibilidad:
seguir explicando lo ocurrido
o empezar a construir, juntos, qué hacemos con eso.
Porque las relaciones no se sostienen por lo que pasó.
Se sostienen por lo que elegimos construir con lo que ocurre.
Puedes escribirnos por WhatsApp o por tu red social preferida, y abrir un espacio para explorar qué podría tomar forma si construimos juntos.
En Visión Sistémica exploramos cómo se construye en colectivo desde la autonomía, y cómo la autonomía se fortalece en relación.
Te invitamos a seguir leyendo, conversando y construyendo juntos.

Quizás el problema no es qué necesitamos aprender, sino desde dónde estamos intentando prepararnos.
Una mirada sobre lo que empieza a cambiar en cómo nos preparamos para el futuro.

Sostener la relación requiere claridad, acuerdos y cuidado. Querer, ofrecer contención y ser amables con nosotros y con los demás ayudan a dar base a lo que construimos juntos.

Entre “me hiciste” y “me pasó” hay una tercera posibilidad: mirar qué estamos construyendo juntos.

Sustantivar facilita construir juntos. Olvidar el proceso lo dificulta.

Durante las últimas semanas hemos explorado el amor desde una mirada poco habitual.
No como emoción.
No como ideal.
Sino como acto con propósito.
Hoy cerramos la serie con su tercera dimensión: el amor entre nosotros.

Amar con el otro es contribuir a su autonomía:
que se recuerde apto y capaz para la vida.